LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ



“Oremos hoy por todas las familias del mundo para que logren responder a su vocación tal y como respondió la Sagrada Familia de Nazaret.
Oremos especialmente por las familias que sufren, pasan por muchas dificultades o se ven amenazadas en su indisolubilidad y en el gran servicio al amor y a la vida para el que Dios las eligió” (Juan Pablo II)

En la festividad de la Sagrada Familia, recordamos y celebramos que Dios quiso nacer dentro de una familia para que tuviera alguien que lo cuidara, lo protegiera, lo ayudara y lo aceptara como era.

María, José y Jesús, en quienes hemos comprendido la fragilidad en la que se desvela el Misterio de Dios, son la escuela para aprender y vivir el amor. La familia es escuela para la vida, y hemos de optar por hacer que esa escuela siga viva. Quienes han bebido en su fuente las primeras aguas de la fe y los valores del Evangelio, saben que el calor del hogar es insustituible para orientar unas personalidades sanas, que asuman el Evangelio. Optar por el cuidado de la familia es optar por la vida, y hacerlo con naturalidad es optar por la posibilidad de que el Evangelio siga vivo.

Como la familia de Nazaret todos los hogares tienen una vocación de servicio en la Iglesia. Estamos en la construcción del plan Salvador de Dios y las familias tienen ahí un llamado especial. Aportan los hijos de Dios a ese plan, le dan vida y realidad al fundamentar con el trabajo el bienestar propio y el de otras familias; al vivir dentro del amor de Dios y del prójimo hacen que se sienta en el mundo la presencia del Dios que ama. En un momento de la historia en que la familia es cuestionada y se busca fundamentarla en compromisos pasajeros, la familia cristiana dirá al mundo cómo se encuentra la solidez que ella exige para bien de todos. Cuando se pierde el horizonte transcendente de la familia, cuando Dios y su proyecto salvador no son integrantes aceptados de la familia, ella pierde su verdadera dimensión humana divina.

Las familias de hoy, deben seguir este ejemplo tan hermoso que nos dejó Jesús tratando de imitar las virtudes que vivía la Sagrada Familia: sencillez, bondad, humildad, caridad, laboriosidad, etc.

La familia debe ser una escuela de virtudes. Es el lugar donde crecen los hijos, donde se forman los cimientos de su personalidad para el resto de su vida y donde se aprende a ser un buen cristiano. Es en la familia donde se formará la personalidad, inteligencia y voluntad del niño. Esta es una labor hermosa y delicada. Enseñar a los niños el camino hacia Dios, llevar estas almas al cielo. Esto se hace con amor y cariño.
Que la luz y el gozo de la familia de Nazaret iluminen y llenes de felicidad todos los hogares. Amén.

PARA REFLEXIONAR.

Habitadas por la Palabra trazamos caminos de esperanza.

1º Domingo de adviento.

2ºDomingo de adviento.